Zona Arqueológica Cañada de la Virgen: Las Formas Arquitectónicas

Mtra. Gabriela Zepeda García Moreno
Centro INAH Guanajuato

Las principales formas arquitectónicas registradas en la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen corresponden a grandes cuerpos macizos de piedra, sin vanos aparentes, salvo los accesos a cada uno de los cuartos, que miden un metro de ancho, construidos con plataformas escalonadas y revestidas por graderías de piedra labrada hacia el interior del Patio Hundido. Al exterior se presentan rajueleados de piedras –tobas y canteras–más pequeñas como revestimiento de las estructuras, así como también rellenos de piedra y tierra para ganar volumen en las estructuras.
Los edificios más sobresalientes de la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen están formados por plataformas escalonadas y en talud que, en conjunto, forman  patios hundidos y espacios cerrados. Hacia el rumbo poniente se elevan los basamentos piramidales, que es sobresaliente sobre todo en el llamado Complejo A o Casa de los Trece Cielos. Los edificios se fueron construyendo en diferentes etapas, esto se puede apreciar con la utilización de diferentes materiales en cada etapa de construcción. En las tres etapas de construcción fueron programados los pesos desde las primeras cimentaciones y los sistemas constructivos fueron rellenos de piedra careada, con apisonados de tierra y más capas de piedra, por lo que son conocidos como sistemas de piedraplen; las cadenas de piedra maciza se unieron con los pilares dispuestos en un eje constructivo alrededor de los patios hundidos. En específico en el Complejo A, estos pilares de sostenimiento de pesos y materiales, se remataron con banquetas para sentarse. 

Orientaciones
Las orientaciones en los complejos arquitectónicos de la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen, se alinean en un eje de simetría este-oeste, con una variación de 18º grados con respecto al norte magnético. El eje principal de alineación tiene una inclinación de 74º 30´ del norte magnético (80º astronómicos). La orientación general de las estructuras con respecto de un eje de 80º al este y 260º al oeste, responde a fechas calendáricas específicas.
A lo largo de los estudios visuales, sabemos que el sol sale sobre el pórtico al amanecer de los días 17 de abril y 25 de agosto (Granados, 2004), es decir, en fechas asociadas a la temporada de lluvias en la región. Mientras que la puesta se ha calculado por el mismo autor Francisco Granados para los días 26 de febrero y 15 de octubre. La actual comprensión del calendario de horizonte al rumbo este, al levante del sol, es significativa pues, divide el movimiento aparente del sol, en varios intervalos de tiempo: 20, 13 y 7 días, según lo observado y registrado por el colega mencionado.
Un dato de importancia, es el registrado por el autor referido en la fecha correspondiente al 9 de abril, pues en la cuenta de los días solares se observó que transcurrirán 73 días para que arribe al solsticio de verano (21 de junio) y luego, a partir del 22 de junio, transcurrirán otros 73 días para que el sol vuelva a emerger sobre el centro del Pórtico –en la Plataforma Este del Complejo A–. El número 73 es trascendental en los cómputos calendáricos mesoamericanos,  pues es el único que puede dividir exactamente a los números 365 y 584, que representan la duración del año solar y el ciclo del planeta Venus, respectivamente. (Granados, F., 2003)
No obstante, los avances alcanzados en el registro de los levantes del sol y con ello la definición del ciclo agrario; el rumbo oeste no estaba resuelto. El rumbo oeste requirió del estudio de otros eventos celestes, asociados con la noche y la luna –principalmente–. Con los actuales resultados obtenidos por la investigadora Rossana Quiroz, hoy sabemos que la alineación del sol en su puesta –a través del Basamento Piramidal del Complejo A– corresponde al 5 de marzo (cuando el sol alcanza su azimut de 260º) y después el 7 de octubre cuando el sol alcanza igual azimut. 
En sus estudios la autora Quiroz insiste en comprender la alineación de la puesta solar, pues es fundamental para entender el énfasis constructivo que adquiere el rumbo oeste y el cielo nocturno y que está presente en los rasgos distintivos del diseño arquitectónico y simbólico del lugar. 
Dentro de los aspectos distinguibles, destaca la disposición del Basamento Piramidal que se encuentra dispuesto al poniente, mientras que sus plataformas adosadas, mucho menos voluminosas, se extienden de poniente a oriente a partir del Basamento Piramidal.
El énfasis hacia el poniente, distingue a Cañada de la Virgen, de otras zonas arqueológicas estudiadas desde el punto de vista arqueoastronómico, y particularmente de las del Altiplano de México, donde el sol surge desde la pirámide. La distinción radica justamente en la importancia de que el sol ingresa a través de la pirámide en la zona que nos ocupa. (Quiroz y Zepeda, 2006)
La observación, el registro y el análisis simbólico de la puesta solar en el Basamento Piramidal fueron clave para entender el resto de fenómenos que ocurren en los edificios adyacentes y también fue indispensable para la observación de la Luna, pues se trabajó con la hipótesis de la alineación solar al levante y al ocaso.  Al respecto Quiroz sostiene que la influencia de los ciclos lunares en el conocimiento y manejo de la agricultura, fue otro de los factores determinantes para elegir a la luna como astro rector en el diseño arquitectónico de la zona arqueológica Cañada de la Virgen, y que su estudio sistemático aportará datos significativos sobre las técnicas de agricultura y aprovechamiento del medio ambiente que fueron practicadas en este centro cívico ceremonial. 

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