Breverías

Jorge Enrique González

El reloj imperfecto 

Martín, compañero de trabajo en mi paso por la administración pública, ofrece comprar mi exacto reloj del que hablé ayer, que sólo acepta retrasos menores a 1.0003 segundos cada diez mil años, atraído por la historia de su puntualidad para marcar los tiempos del descanso, diversión y amor. Lamento informarle que la discretísima joya de oro falló a sólo unos meses porque no resistió los estragos del clima de Tepic  sobre brazos y manos de quien lo portaba y pronto tuvo que ser llevado al taller, primero en garantía y luego a  uno local, más creativo para historias mágicas que para la mecánica, donde terminó desapareciendo. El mejor reloj para la vida está en el corazón, desbocado a veces, muy lento otras. Es inexacto e imperfecto, pero maravilloso, rebelde, explosivo, luminoso, cegador, brutal.

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