El Año Nuevo
Muchas de las sociedades agrícolas que desarrollaron la astronomía, elaboraron calendarios para medir los días, los meses y los años. Algunos, en función del año lunar, otros - la mayoría - con base al año solar. Si bien el número de días que conforman el año no cambia- 260 para el lunar y 365 para el solar -, no hay reglas fijas para definir el número de meses y sus días respectivos, como tampoco lo hay para establecer el inicio y fin de año.
Los calendarios más exactos creados por el hombre antiguo son atribuidos a los mayas, zapotecas y aztecas, ya que las observaciones registradas por estas culturas mesoamericanas les permitieron hacer los ajustes de tiempo necesarios para compensar las fracciones de horas y segundos por día, surgidos por los grados de variación en la velocidad de la rotación e inclinación de la tierra. Así, entre los mayas y aztecas, existían varios calendarios complementarios. “Uno era el calendario del año solar de 360 días, el Cempoallapoualli, o sea la cuenta de los meses, dividido en 18 meses de veinte días cada uno más cinco días “perdidos” al final. Otro, el calendario ritual de 260 días, o la cuenta de los días compuesto por 20 trecenarios conocido como el Tonalpohualli, entre los mexicanos, y el Tzolk¦in, entre los mayas, utilizado básicamente con fines adivinatorios, siendo la parte del almanaque agrícola muy importante. Un tercero, la cuenta de los años, o Xiuhpoualli, celebrado cada 52 años, conforme la división de 4 veces 13 años, que además marcaba el punto de unión entre las dos cuentas anteriores.”
Entre los estudiosos de los calendarios prehispánicos, existen diferencias en cuanto a las fechas de inicio del ciclo, del orden de los meses componentes y de la ubicación de los cinco días complementarios. Sin embargo coinciden que estos calendarios estaban íntimamente vinculados con los ciclos de fiestas que tienen vigencia hoy en día, por supuesto añadiéndole variaciones producto del sincretismo.
De Europa nos han llegado dos calendarios, el juliano y el Gregoriano. El primero fue elaborado por el emperador romano Julio César y es el que nos rige hoy día con doce meses de 30 y 31 días cada uno, más un año bisiesto cada 4 años. , Y que se inicia el primero de enero. El segundo fue establecido por el Papa Gregoriano XIII en 1582; difiere en el cómputo de los años bisiestos y del número de días de los meses. Actualmente todavía es utilizado por la iglesia católica para determinar las festividades religiosas de fecha movible como Carnaval y Semana Santa.
La fiesta de año nuevo para varios grupos indígenas es de suma importancia, pues se llevan a cabo ceremonias de cambio de poderes, de varas o de bastón de mando. La vara o bastón es el símbolo del poder de las autoridades civiles indígenas.
Los huicholes de Jalisco y Nayarit hacen numerosos rituales, que se prolongan por seis días esto, para conmemorar la renovación de poderes. Entre los tzotziles y tzeltales de Chiapas, se hace “El cambio de Bastón” de las autoridades civiles y religiosas del pueblo.
Los zapotecas del Istmo, celebran sus velas, calendas y tiradas de frutas en los diferentes pueblos que conforman esta región de nuestro país. Al finalizar el año se dan dos manifestaciones peculiares: el regalo de los Tanguyu y la elaboración de El viejo. La primera consiste en regalar a los niños y niñas zapotecos muñecos de barro, caballos con jinetes para ellos, muñecas con faldas de campana con bebés en los brazos y canastas de frutas sobre la cabeza, ollas, molcajetes y platos diminutos para ellas. La segunda consiste en la elaboración del Viejo por los niños, usando ropas viejas y los huaraches más viejos que han sido usados durante todo el año, por cabeza se le coloca un coco, se le rellena de elotes y cohetes, se le pone un sombrero y un cigarro. Dos o tres días antes del Año Nuevo es puesto al frente de la casa con un recipiente para recabar su limosna, que es empleada para comprar más cohetes y golosinas. Al llegar el último día de diciembre, a las 11 o 12 de la noche, se inicia la quema del Viejo, con lo que se termina el año y se inicia otro.
Esta tradición de representar al año viejo como un hombre anciano, con ropas raídas, también es compartido por varios grupos indígenas de Tabasco y Veracruz, Tal es el caso de los Chontales de Tabasco, o los mixe-popolucas, estos últimos realizan una danza que es conocida con el nombre de “El Chenu”, que es el nombre que le dan al viejo. Niños y jóvenes se disfrazan de diablos, vestidos con ropa de color rojo, máscaras con cuernos, cola y un tenedor largo construido de madera, algunos se disfrazan de viudas vestidas de negro semejando estar embarazadas y su papel es llorar a la hora en que se quema el Chenu. Otro personaje es un señor que actuaba como loco; se vestía con ropa cubierta de costales y, sobre estos, una gran cantidad de ramas de espinas y chichicastle, los niños le jalan las ramas, le gritan, etc. En esta danza se representa una batalla entre el mal y el bien, triunfando este último. Al terminar la batalla se quema el Chenu.
Para muchos mestizos y en las ciudades principalmente, el Año nuevo consiste en una cena a la media noche, donde se reparten 12 uvas a cada comensal. Cada uva representa un mes del año y debe tomarse cuando suena cada campanada del reloj a las 12 de la noche, al mismo tiempo uno va pidiendo un deseo por cada uva. También algunos acostumbran estrenar alguna prenda de vestir, simbolizando con ello una idea de renovación de los propósitos de vida.
El Día de los Reyes Magos (Santos Reyes)
La tradición popular del Día de Reyes se encuentra dentro de este marco de nuestras celebraciones de Navidad. Su origen se vincula también con el nacimiento y adoración del Niño Dios.
Cuenta la leyenda que cuando Jesús había nacido en Belén, en tiempos del Rey Herodes, llegaron del oriente tres magos ricamente ataviados: Melchor, Gaspar y Baltazar; venían siguiendo una estrella que los guiaba al lugar de nacimiento y fue así como cruzaron el firmamento montados en un camello, un caballo y un elefante. Al llegar ante el niño se postraron frente a él, bajaron su cargamento y le ofrecieron oro por ser rey, mirra por ser hombre e incienso por ser Dios. En recompensa los magos recibieron gozo, amor y paz.
Por eso se acostumbra que todos los días 5 de enero, los niños mexicanos colocan en los pesebres del nacimiento las figuras de los Santos Reyes. Ellos a su paso, dejaron regalos y juguetes. El 6 de enero, fecha que conocemos todos como Día de Reyes, se parte una rosca de pan que lleva escondida un haba, que representa la realeza y que ha caído en desuso, y una o varias figurillas de niños que simbolizan a Jesús. Estas eran originalmente de porcelana, en nuestros días generalmente son de plástico. Al partir la rosca, antes se dejaba también un pedazo para el primer pobre que llegara a pedir ayuda. Quien encuentra en su porción una figura, está obligado a invitar a todos los concurrentes a una fiesta del 2 de febrero, Día de la Candelaria, en que se celebra la cuarentena de María.
El Día de la Candelaria
Con los festejos del Día de la Candelaria, culmina el ciclo de Festividades de la Navidad. Ese día se levanta el nacimiento, se llevan candelas a bendecir, se hace la presentación del niño Dios en el Templo. Se busca un padrino para que vista al niño, que será para el año siguiente.
En esta fecha se realiza el “levantamiento del niño” en ciudades y pueblos, el cual consiste en llevar imágenes del niño dios a bendecir a los templos, y en levantar y guardar las figurillas del nacimiento hasta el siguiente año, además de que aquellas personas que les tocó el “niño” al partir la rosca de Reyes el 6 de enero, están obligadas a invitar a todos los concurrentes tamales y atole en esta fecha (2 de febrero). También este día en algunos lugares como en Xochimilco, se realiza el cambio de Mayordomía, hay música de banda acompañando la danza de los Chinelos, estudiantinas, cohetes, etc.
Para algunos grupos indígenas, este día se bendicen las mazorcas que van a servir de semillas para la próxima temporada de siembra. Para varios pueblos indígenas en esta fiesta, todo se purifica, desde la conmemoración del fin de la cuarentena de María y la presentación de Jesús en el templo, hasta las semillas del maíz, frijol, trigo y otros cereales que serán sembrados ese año; todo esto, pasando por la bendición de las velas que serán usadas para que el alma de algún difunto tenga una luz que lo acompañe en su camino al más allá.
Turok señala que esta fiesta coincide con las celebraciones a Tláloc y su hermana Chalchiuhtlicue (dioses del agua), donde se realizaban sacrificios de niños, incluso, nos habla de un posible vínculo con la tradición de los compadres de rosca de reyes (las personas que encontraron un “niño” al partir la rosca de Reyes el 6 de enero los cuales este día ofrecen tamales y atole), con la fiesta Huauhquiltamalqualiztli, que se realizaba a la mitad del decimoctavo y último mes del año Izcalli, donde se comían tamales por todos los pueblos, en todas las casas, y toda la gente se convidaba unos a otros.
En nuestros días todavía se puede ver este sincretismo en Coatetelco, Morelos, pues en este lugar se acostumbra poner en los altares ofrendas de comida como pipián y tamales de “ceniza”, llamados tlaconextamalli, los cuales una vez bendecidos se reparten entre los asistentes y una parte de esta ofrenda es llevada a un cerro cercano, donde la deposita en una cueva para pedir las lluvias. También se acostumbra llevar a la Virgen de la Candelaria en procesión con música, cohetes y danzas.
El consumo del tamalli o tamal, vocablo náhuatl, que significa envuelto cuidadoso aporta varios siglos de culturas indígenas diversas, plurales con su propio significado cultural que le ha permito su permanencia en la gastronomía nacional. Fray Bernardino de Sahagún reporta en su Historia General de las cosas de Nueva España que los tamales se ingerían durante diez festividades del anuario ritual del pueblo mexica.
Cuando los españoles llegaron a Mesoamérica encontraron que los pueblos originarios celebraban la fiesta de los tlaloques en honor del dios de la lluvia al inicio del ciclo agrícola. Esta ceremonia coincidía con el Día de la Candelaria, 2 de febrero, del calendario católico que conmemora la Purificación de la Virgen María y la presentación del Niño Jesús en el Templo.
El consumo del tamal, durante una celebración. Llegó a nuestros días aún cuando la religión y los dioses cambiaron y algunas veces se sincretizaron en algunos pueblos indígenas.
Actualmente los nombres de los tamales son asignados según su contenido: de rajas con queso, de calabaza, de haba, de papa, de frijol, de mole, de chile, de dulce. Por su color: verdes y rojos, donde ya está implícita la salsa en la que están bañados. Hay tamales de frutas: piña, capulín, ciruela, chabacano, tejocote, pitahaya en el norte del país, de pescaditos, charales o carpa, y en época de lluvias, los hongos son el ingrediente principal que acunado en las hojas de maíz y sazonado sobriamente con ajo, cebolla y epazote, constituyen una delicia.
(FUENTE: http://www.cdi.gob.mx)


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